30 de junio: Año 3018 de la Tercera Edad. Gandalf el Gris caminaba por el Camino Verde. De súbito, Radagast el Pardo lo interceptó, muy nervioso:
»»Tengo una misión urgente», «Las noticias son malas.» Miró alrededor, como si los setos pudieran oír. «Nazgûl», murmuró. «Los Nueve han salido otra vez. Han cruzado el río en secreto y van hacia el oeste. Han tomado el aspecto de Jinetes vestidos de oscuro.» Los Jinetes piden noticias de una tierra llamada Comarca.»
¿Quién te lo ha dicho y quién te envió?» – Preguntó Gandalf.
»»Saruman el Blanco», respondió Radagast. «Y me mandó a decirte que si te parece necesario, él te ayudará, pero tendrías que pedírselo en seguida, o será demasiado tarde.»
Gandalf se encontró entonces con un dilema: debía avisar a Frodo para que abandonase la Comarca cuanto antes, pero también debía visitar a Saruman urgentemente.
Retrocedamos unos meses en el tiempo.
Fue el 12 de abril cuando Gandalf regresó a la Comarca para visitar a Frodo y confirmar sus sospechas: que el anillo de Bilbo no era otro que el Anillo Único de Sauron.
En ese momento, Gandalf le dijo a Frodo que debía partir a Rivendel, aunque no de forma urgente:
“-¿Qué tal en el otoño o después de nuestro cumpleaños? -preguntó Frodo-. Creo que podré arreglar algo para entonces.
Gandalf miró a Frodo y sonrió:
-Muy bien -dijo-. Estoy de acuerdo con la fecha, pero no te retrases más. Ya empiezo a inquietarme.”
Ahora Gandalf sabía que los 9 Jinetes se dirigían a la Comarca, pero como no tenía tiempo de ir a avisar a Frodo personalmente, decidió pasar la noche en la aldea de Bree.
Fue al Poney Pisador, a hablar con Cebadilla Mantecona:
La puerta de la oficina de Cebadilla Mantecona se abrió de golpe, y el tabernero levantó la vista, sobresaltado, de un registro de cuentas manchado de cerveza. En el umbral, con su capa gris apenas sacudiéndose del viaje, estaba Gandalf el Gris, sujetando un papel doblado en una mano.
“¡Cebadilla!” exclamó Gandalf. “salgo a la mañana. ¿Me harías un favor?”
Cebadilla parpadeó y se levantó del escritorio, limpiándose las manos en el delantal. “Sólo tienes que decírmelo.”
Tengo prisa, y me falta tiempo pero quiero que lleven un mensaje a la Comarca. ¿Tienes a alguien a quien mandar y que sea seguro que llegue? – Gandalf colocó la carta sobre la mesa, con un ademán que no admitía demoras.
Puedo encontrar a alguien, – dijo el posadero. , mañana quizás, o pasado mañana.
- Que sea mañana.
Cebadilla asintió apresuradamente, tomando la carta“ ¡Por supuesto! La pondré a buen recaudo…”
Gandalf salió de la oficina sin más palabras. La puerta se cerró con un golpe suave, dejando a Cebadilla con la carta y un leve escalofrío ante la urgencia que había sentido en la voz del mago.
En la carta que Gandalf entregó a Cebadilla Mantecona, ponía:
“El Poney Pisador, Bree. Día del Año Medio 1418 de la Comarca.
Querido Frodo:
Me han llegado malas noticias. He de partir inmediatamente. Harás bien en dejar la Comarca antes de fines de julio, como máximo. Regresaré tan pronto como pueda y te seguiré, si descubro que te has ido. Déjame aquí un mensaje, si pasas por Bree. Puedes confiar en el posadero (Mantecona). Quizás encuentres en el camino a un amigo mío: un hombre, delgado, oscuro, alto, que algunos llaman Trancos. Conoce nuestro asunto y te ayudará. Marcha hacia Rivendel. Espero que allí nos encontremos de nuevo. Si no voy, Elrond te avisará.
Tuyo, de prisa
Gandalf.
Pero los días pasaron, y la carta nunca salió del Poney Pisador. Cebadilla Mantecona olvidó enviar la carta a la Comarca: un descuido que cambió el destino de la Tierra Media.
Cebadilla Mantecona y la formación de la Comunidad del Anillo
Si Frodo y Sam hubieran partido de la Comarca con urgencia tras recibir la carta, es poco probable que Merry y Pippin los hubieran acompañado. Los dos hobbits solo se unieron después de los preparativos de Frodo para su supuesta mudanza a Los Gamos
Aún más significativo es cómo el retraso de Frodo permitió la formación del Concilio de Elrond y, con ello, la Comunidad del Anillo. En la novela de Tolkien el Concilio de Elrond no fue una reunión planificada con antelación, sino un encuentro fortuito de personas que llegaron a Rivendel por razones independientes:
- Boromir llegó buscando respuestas al sueño profético compartido con Faramir.
- Legolas vino para informar la fuga de Gollum, prisionero de Thranduil.
- Gimli representó a los Enanos de Erebor, inquietos por el resurgimiento del mal.
Si Frodo hubiese llegado dos meses antes: de entre todos los miembros de la Comunidad del Anillo, solo Aragorn y Gandalf habrían estado disponibles para ayudarlo.
Aunque Aragorn y Gandalf eran formidables, el viaje para destruir el Anillo requería más aliados, diversidad de habilidades y fuerzas, y, quizás más importante, la camaradería que solo un grupo heterogéneo como la Comunidad podía ofrecer. Fue el destino, o el diseño providencial de Eru Ilúvatar, lo que reunió a todos los miembros de la Comunidad en el lugar y momento adecuados.
Cebadilla Mantecona y el encuentro con Tom Bombadil
El retraso de Frodo también llevó a encuentros inesperados que serían cruciales para la misión. Al huir de los Jinetes Negros, los hobbits se internaron en el Bosque Viejo, donde conocieron a Tom Bombadil.
Tras salir del bosque, cruzaron las Quebradas de los Túmulos, donde fueron capturados por un Tumulario. Tom Bombadil acudió en su ayuda, expulsó al espectro y los liberó. Antes de partir, les entregó dagas provenientes de los túmulos, armas forjadas por los Dúnedain de Cardolan para combatir al Rey Brujo de Angmar.
Más adelante, Merry utilizó su espada del Túmulo para herir al Rey Brujo por la espalda en la Batalla de los Campos del Pelennor.
Ninguna otra hoja, ni aun esgrimida por manos mucho más poderosas, habría podido infligir una herida más cruel, hundirse de ese modo en la carne venida de la muerte, romper el hechizo que ataba los tendones invisibles a la voluntad del espectro.
La espada de las Quebradas de los Túmulos rompió el hechizo del Rey Brujo, y así Éowyn le pudo asestar el golpe definitivo.
¿Un plan de Ilúvatar?
El olvido de Cebadilla Mantecona al no enviar la carta de Gandalf puede parecer, a simple vista, una torpeza que sólo complicó las cosas. Pero cuando miramos los eventos con más detenimiento, parece evidente que este error encajó en un plan más grande, guiado por la mano invisible de Ilúvatar.
En el universo de Tolkien, los errores y los retrasos rara vez son casualidad. Ilúvatar, como creador supremo, actúa incluso a través de los tropiezos para encaminar el destino hacia el bien. La tardanza de Frodo, su paso por el Bosque Viejo y las Quebradas de los Túmulos, e incluso la formación del Concilio de Elrond, no fueron simples coincidencias, sino momentos clave dentro de un plan mayor para derrotar al Señor Oscuro.
La recompensa del posadero del Pony Pisador
Tras escapar de Sáruman, Gandalf llegó a la aldea de Bree la noche del 30 de septiembre y en seguida fue al Poney Pisador a pedir explicaciones a Cebadilla Mantecona…
“¡Mantecona, lo llaman!” pensó Gandalf, caminando apresurado por las calles de Bree. “Si es culpable de esta demora, le derretiré toda la manteca, asándolo a fuego lento a ese viejo tonto.»
En la cálida penumbra del salón principal del Pony Pisador, Gandalf irrumpió con la fuerza de un viento del norte.
El tabernero, pálido como la espuma de una jarra mal servida, soltó un gemido y se dejó caer sobre un banco cercano. Sudaba copiosamente, y su rechoncho cuerpo parecía encogerse con cada paso que Gandalf daba hacia él.
“¡Perdón, señor! ¡Perdón!” balbuceó Cebadilla, agitando las manos como si pudiera apaciguar al mago con gestos. “¡No fue mi intención, se lo juro! La carta… la puse junto al registro… y luego… y luego…”
“¿Olvidaste enviarla?” replicó Gandalf con un tono severo, inclinándose hacia él con los ojos brillando como brasas encendidas.
Cebadilla tragó saliva y asintió débilmente.
Gandalf lo miró por un largo momento, con ceño fruncido y severo, mientras el tabernero comenzaba a temblar como un flan. Finalmente, el mago soltó un suspiro y su postura se relajó ligeramente.
“Está bien, Cebadilla, ya no importa la carta. Lo que importa ahora es Frodo. Dime, ¿estuvo aquí? ¿Qué pasó?”
Cebadilla parpadeó, como si las palabras de Gandalf le hubieran dado permiso para respirar de nuevo. “Sí, señor. Llegó ayer con otros tres hobbits. Y esta misma mañana se fueron… con Trancos.”
“¿Trancos?” Los ojos de Gandalf brillaron con intensidad renovada. Se inclinó hacia Cebadilla, que se encogió de nuevo. “¿Estás seguro?”
“Sí, señor, temo que sí. No pude impedir que se acercara a ellos y ellos se fueron con él. Actuaron de un modo muy raro todo el tiempo que estuvieron aquí; tercos, diría yo. ”
Gandalf se quedó en silencio por un momento, procesando las palabras. Lentamente, una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro, y dejó escapar un suspiro de alivio. “¡Asno! ¡Tonto! ¡Tres veces digno y querido Cebadilla!” exclamó finalmente, abrazando al posadero. “Son las mejores noticias que he tenido desde el solsticio de verano; valen por lo menos una pieza de oro. ¡Que tu cerveza se beneficie con un encantamiento de excelencia insuperable durante siete años!. Ahora puedo tomarme una noche de descanso, la primera desde no sé cuánto tiempo.
