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Los regalos de Galadriel y su profundo significado

Antes de abandonar Lothlórien, la Dama Galadriel y los elfos del bosque entregaron varios regalos a la Compañía. Regalos que pueden parecer simples a primera vista, pero que en realidad esconden un profundo significado que pasa desapercibido para la mayoría.

Acompáñenme a descubrirlo.

El regalo de Gimli – Los tres cabellos de Galadriel

7000 años antes de la llegada de la Compañía a Lórien, Fëanor suplicó a Galadriel que le diera un mechón de su cabello. Ella se lo negó hasta tres veces. Sin embargo, a Gimli le regaló hasta tres cabellos. ¿Cómo es posible que se lo negara al elfo más hábil de la historia de Arda pero se lo concediera a nada menos que un enano?

La respuesta encierra una hermosa lección de sabiduría.

Los cabellos de Galadriel eran tan hermosos que los Eldar decían que la luz de los Dos Árboles de Valinor había quedado enredada entre sus trenzas. Es probable que, inspirado por este mito élfico, Fëanor se preguntara cómo la luz de los Dos Árboles podría ser preservada imperecedera.

Así que pidió a Galadriel un mechón de su cabello. Pero ella, quizás no más poderosa pero sí más sabia, pudo ver dentro del corazón de Fëanor la codicia que lo movía. Y se lo negó hasta tres veces.

El propósito de Gimli era diferente. Cuando Galadriel le preguntó qué haría con su cabello, el enano respondió:

«Lo guardaré en un cristal imperecedero como tesoro de mi casa y como prenda de buena voluntad entre la Montaña y el Bosque hasta el fin de los días.»

Gimli fabricaría una joya con el cabello de Galadriel y la guardaría como un tesoro. Esto nos recuerda a los tres Silmarils que Fëanor fabricó después de ser rechazado por la elfa.

Pero a diferencia de Fëanor, movido por el deseo de crear algo para sí mismo, la intención de Gimli era consagrar la joya como un símbolo público del restablecimiento de la amistad entre enanos y elfos: un propósito noble y de buena voluntad.

Hay un detalle significativo en toda esta historia, y es que Gimli nunca pidió un solo cabello de la Dama élfica. Prestemos atención al pasaje del libro:

«¿Y qué regalo le pediría un enano a los elfos? -dijo Galadriel volviéndose a Gimli. -Ninguno, Señora -respondió Gimli-. Es suficiente para mí haber visto a la Dama de los Galadrim y haber oído tan gentiles palabras. -¡Escuchad vosotros, elfos! -dijo la Dama mirando a la gente de alrededor-. Que nadie vuelva a decir que los enanos son codiciosos y antipáticos. Pero tú, Gimli hijo de Glóin, algo desearás que yo pueda darte. ¡Nómbralo, y es una orden! No serás el único huésped que se va sin regalo. -No deseo nada, Dama Galadriel -dijo Gimli inclinándose y balbuciendo -. Nada, a menos que… a menos que se me permita pedir, qué digo, nombrar uno solo de vuestros cabellos, que supera al oro de la tierra así como las estrellas superan a las gemas de las minas. No pido ese regalo, pero me ordenasteis que nombrara mi deseo.»

Esta última frase de Gimli es significativa. Galadriel le había ordenado nombrar un deseo, y él nombró uno solo de sus cabellos, pero no fue una petición expresa. La dama miró dentro del corazón del enano y pudo ver su buena voluntad, y le regaló no uno, sino tres de sus dorados cabellos.

«Estas palabras acompañan al regalo -dijo-. No profetizo nada, pues toda profecía es vana ahora; de un lado hay oscuridad y del otro nada más que esperanza. Si la esperanza no falla, yo te digo, Gimli hijo de Glóin, que el oro te desbordará en las manos, y sin embargo no tendrá ningún poder sobre ti.»

Qué ironía, ¿verdad? La codicia, que fue la condena de tantos personajes a lo largo de la obra de Tolkien y el punto débil de todo el pueblo enano, la vemos ahora revertida en Gimli, nada menos que un enano de la Casa de Durin y considerado desde ese momento como “amigo de los elfos”.

Mientras dejaban atrás Lothlórien en los botes élficos, Gimli pronunciaba estas palabras:

«Mi última mirada ha sido para aquello que era más hermoso -le dijo a su compañero Legolas-. De aquí en adelante a nada llamaré hermoso si no es un regalo de ella. Mi peor herida la he recibido en esta separación, aunque cayera hoy mismo en manos del Señor Oscuro.»

Los regalos de Aragorn – Una vaina para Anduril y Elessar, la Piedra Élfica

Aragorn recibió dos regalos de la Dama Galadriel:

Una vaina para su espada Anduril, que la protegería de quebrarse, incluso en la derrota.

Y una gema verde dentro de un broche de plata con forma de águila: Elessar, que significa piedra élfica.

Una leyenda cuenta que Olórin llevó la joya Elessar desde Valinor a la Tierra Media, y ya transformado en Gandalf se la entregó a Galadriel junto a un mensaje profético.

Así se narra en Los Cuentos Inconclusos.

«Los Valar se han marchado, y ya no piensan en la Tierra Media, y todos los que se aferran a ella están bajo una sombra. -dijo Galadriel. —No es así —dijo Olórin—. No tienen ahora ojos más débiles, o corazones más duros. Como prueba, ¡mira esto! —Y alzó ante ella la Elessar, y ella la miró y se maravilló. Y Olórin dijo: —Esto te envía Yavanna. Utilízala como puedas, y por un tiempo la tierra de tu morada será el lugar más bello de la Tierra Media. Pero no es para que tú te quedes con ella. La pondrás en otras manos cuando sea el momento. Porque antes de que te canses y abandones por fin la Tierra Media, llegará alguien a quien tendrás que dársela, y su nombre será el de la piedra: se llamará Elessar.»

Al igual que Nenya, el Anillo de Galadriel cuyo poder era la preservación, protección y ocultamiento del mal; Elessar, la piedra élfica, también contribuyó a mantener la belleza de Lothlórien hasta que Galadriel se la entregó a Aragorn. Y lo hizo otorgándole un significado especial, pues también era un regalo de bodas que predecía su futuro matrimonio con Arwen.

Así se cuenta en el libro:

«¿Pero hay alguna otra cosa que desearías de mí en este momento de la separación? Pues las tinieblas descenderán entre nosotros y es posible que no volvamos a encontrarnos, a no ser lejos de aquí en un camino del que no se vuelve. Y Aragorn respondió: -Señora, conoces bien todos mis deseos, y durante mucho tiempo guardaste el único tesoro que busco. Sin embargo, no depende de ti dármelo, aunque ésa fuera tu voluntad; y sólo llegaré a él internándome en las tinieblas. -Entonces quizás esto te alivie el corazón -dijo Galadriel-, pues quedó a mi cuidado para que te lo diera si llegabas a pasar por aquí. -Galadriel alzó entonces una piedra de color verde claro que tenía en el regazo, montada en un broche de plata que imitaba a un águila con las alas extendidas, y mientras ella la sostenía en lo alto la piedra centelleaba como el sol que se filtra entre las hojas de la primavera. -Esta piedra se la he dado a mi hija Celebrian y ella a su hija y ahora llega a ti como una señal de esperanza. En esta hora toma el nombre que se previó para ti: ¡Elessar, la Piedra de Elfo de la casa de Elendil! Aragorn tomó entonces la piedra y se la puso al pecho y quienes lo vieron se asombraron mucho, pues no habían notado antes qué alto y majestuoso era, como si se hubiera desprendido de muchos años. -Te agradezco los regalos que me has dado -dijo Aragorn-, oh Dama de Lórien de quien descienden Celebrian y Arwen, la Estrella de la Tarde.»

El regalo de Frodo – La luz de Eärendil

Weta Workshop - The Lord of The Rings - Galadriel's Phial Prop Replica
  • Réplica de Señor de los Anillos 1/1 Galadriel's Phial 10 cm
  • De la trilogía del Señor de los Anillos, viene esta fiel réplica de Galadriel's Phial.
  • La hermosa pieza de cristal coleccionable mide aprox. 65 x 54 x 95 mm y viene con una base de polystone.
  • La base dispone de una función de luz LED integrada.

En una de las conversaciones más emotivas entre Frodo y Sam en las escaleras de Cirith Ungol, Sam le dijo a Frodo estas palabras:

«Y el Silmaril siguió su camino y llegó a Eärendil. ¡Cáspita, señor, nunca lo había pensado hasta ahora! Tenemos… ¡usted tiene un poco de la luz del Silmaril en ese cristal de estrella que le regaló la Dama! Cáspita, pensar… pensar que estamos todavía en la misma historia. ¿Las grandes historias no terminan nunca?»

El frasco de Galadriel contenía nada menos que la luz capturada de uno de los tres Silmarils creados por Fëanor, aquellas antiguas joyas que capturaron la luz de los dos árboles de Valinor, que fueron codiciadas por el mismísimo Melkor y que marcaron la historia de la Primera Edad.

Dos de los Silmarils se perdieron, uno bajo el fuego y otro bajo el agua, pero el tercero quedó en manos del semielfo Eärendil, que fue enviado por los Valar a navegar por los mares del cielo con el Silmaril sujeto a su frente.

«Y la gente de la Tierra Media lo vio desde lejos y se asombró, y lo tomaron por un signo, y lo llamaron Gil-Estel, la Estrella de la Gran Esperanza.»

La luz capturada en el frasco de Galadriel pertenecía a esta estrella:

«Signo de esperanza para los habitantes de la Tierra Media oprimidos por el Gran Enemigo o sus servidores.»

Uno de los pasajes más hermosos de El Señor de los Anillos ocurre cuando Sam y Frodo estaban en Mordor, exhaustos en aquella tierra enferma y desolada. Entonces Sam pudo ver en el cielo la luz de la estrella Gil-Estel, y su corazón se llenó de esperanza. Con esta belleza lo describe Tolkien en el libro:

«Allá, asomando entre las nubes por encima de un peñasco sombrío en lo alto de los montes, Sam vio de pronto una estrella blanca que titilaba. Tanta belleza, contemplada desde aquella tierra desolada e inhóspita, le llegó al corazón, y la esperanza renació en él. Porque frío y nítido como una saeta lo traspasó el pensamiento de que la Sombra era al fin y al cabo una cosa pequeña y transitoria, y que había algo que ella nunca alcanzaría: la luz, y una belleza muy alta.»

Días antes, dentro del antro de Ella-Laraña, Frodo había usado por primera vez el frasco de Galadriel:

«Lenta fue la mano hasta el pecho, y con igual lentitud levantó el frasco de Galadriel. Por un instante titiló, débil como una estrella que lucha al despertar en medio de las densas brumas de la tierra; luego, a medida que crecía, y la esperanza volvía al corazón de Frodo, empezó a arder, hasta transformarse en una llama plateada, un corazón diminuto de luz deslumbradora, como si Eärendil hubiese descendido en persona desde los altos senderos del crepúsculo llevando en la frente el último Silmaril. La oscuridad retrocedió y el frasco pareció brillar en el centro de un globo de cristal etéreo, y la mano que lo sostenía centelleó con un fuego blanco.»

Momentos después, Sam usó el frasco de Galadriel para enfrentarse a la terrible criatura:

«Como si el espíritu indomable de Sam hubiese reforzado la potencia del cristal, el frasco de Galadriel brilló de pronto como una antorcha incandescente. Centelleó, y pareció que una estrella cayera del firmamento rasgando el aire tenebroso con una luz deslumbradora. Jamás un terror como este que venía de los cielos había ardido con tanta fuerza delante de Ella-Laraña. Los rayos le entraron en la cabeza herida y la terrible infección de luz se extendió de ojo a ojo. La bestia cayó hacia atrás agitando en el aire las patas delanteras, enceguecida por los relámpagos internos, la mente en agonía.»

Los regalos de Sam – Cuerda élfica y tierra del jardín de Galadriel

Los elfos de Lórien regalaron a Sam cuerda élfica, gris y sedosa, que usaría para descender con Frodo un barranco de Emyn Muil.

Pero la dama Galadriel le regaló algo muy especial, aunque no lo pareciera a primera vista.

«Para ti, pequeño jardinero y amante de los árboles -le dijo a Sam-, tengo sólo un pequeño regalo -y le puso en la mano una cajita de simple madera gris, sin ningún adorno excepto una runa de plata en la tapa.»

«Esta caja contiene tierra de mi jardín y lleva las bendiciones que Galadriel todavía puede otorgar. No te protegerá en el camino ni te defenderá contra el peligro, pero si la conservas y vuelves un día a tu casa, quizá tengas entonces tu recompensa. Aunque encontrarás todo seco y arruinado, pocos jardines de la Comarca florecerán como el tuyo si esparces allí esta tierra.»

Y así, después de destruir el Anillo y recuperar la Comarca de las manos de Saruman y los rufianes, y estando su tierra completamente devastada, Sam usó el regalo de Galadriel para restaurarla.

Así se cuenta en el libro El Retorno del Rey:

«Entonces Sam plantó retoños en todos aquellos lugares en donde antes había árboles especialmente hermosos o queridos, y puso un grano del precioso polvo en la tierra, junto a la raíz. Recorrió la Comarca, a lo largo y a lo ancho, haciendo este trabajo, y si prestaba mayor cuidado a Delagua y a Hobbiton nadie se lo reprochaba. Y al terminar, descubrió que aún le quedaba un poco del polvo, y fue a la Piedra de las Tres Cuadernas, que es por así decir el centro de la Comarca, y lo arrojó al aire con su bendición. Y la pequeña almendra de plata, la plantó en el Campo de la Fiesta, allí donde antes se erguía el árbol; y se preguntó qué planta crecería. Durante todo el invierno esperó tan pacientemente como pudo, tratando de contenerse para no ir a ver a cada rato si algo ocurría.»

«La primavera colmó con creces las más locas esperanzas de Sam. En su propio jardín los árboles comenzaron a brotar y a crecer como si el tiempo mismo tuviese prisa y quisiera vivir veinte años en uno. En el Campo de la Fiesta despuntó un hermoso retoño: tenía la corteza plateada y hojas largas y se cubrió de flores doradas en abril. Era en verdad un mallorn, y la admiración de todos los vecinos. En años sucesivos, a medida que crecía en gracia y belleza, la fama del árbol se extendió por todos los confines de la Comarca y la gente hacía largos viajes para ir a verlo; el único mallorn al oeste de las Montañas y al este del Mar, y uno de los más hermosos del mundo.»

El regalo de Legolas – El arco de los Galadrim

A Legolas le dio un arco como los que usan los Galadhrim, más largo y fuerte que los arcos del Bosque Negro, y la cuerda era de cabellos élficos. Había también un carcaj de flechas.

Aunque el arco del Bosque Negro que llevó hasta entonces era compacto, ligero y preciso, especialmente en lugares como el Bosque Negro; no era del todo eficaz para el combate en campo abierto.

En el capítulo El Puente de Khazad-dûm, cuando Legolas intentó contraatacar a los orcos, leemos lo siguiente:

«Legolas se volvió y puso una flecha en la cuerda, aunque la distancia era excesiva para aquel arco tan pequeño.»

El arco de los Galadhrim solucionaba el problema.

Aunque no se especifica que fuese un arco mágico, dada la tradición de los elfos de fabricar armas especiales, es probable que el arco de los Galadhrim tuviera algunos atributos mágicos.

Los regalos de Boromir, Merry y Pippin – Cinturones decorados

La Dama inclinó la cabeza y luego se volvió a Boromir y le dio un cinturón de oro, y a Merry y a Pippin les dio pequeños cinturones de plata, con broches labrados como flores de oro.

Nada se dice sobre el significado o las propiedades de estos cinturones, aunque algo podemos especular. Para ello, podemos profundizar en el simbolismo del cinturón dentro de las fuentes que influenciaron a Tolkien.

En la mitología nórdica, el cinturón del dios Thor tenía propiedades mágicas y era símbolo de fuerza y poder.

En la Biblia encontramos el versículo Isaías 11:5, que asocia al cinturón con la fidelidad:

«Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura.»

Podríamos ver así a los cinturones de Galadriel como un símbolo de fidelidad, lo cual es especialmente apropiado considerando la vital importancia de la lealtad de la Compañía hacia Frodo y la misión de destruir el Anillo.

Los otros regalos de los elfos a la Compañía

Los elfos también regalaron comida y ropa a la Compañía, además de unos botes élficos para navegar por el Anduin.

La comida consistía principalmente en galletas, llamadas lembas, o pan del camino, más fortificantes que cualquier comida preparada por los hombres.

«Una sola basta para que un viajero aguante en pie toda una dura jornada, aunque sea un hombre alto de Minas Tirith» – dijeron los elfos.

Luego repartieron capas élficas entre los miembros de la Compañía, que se cerraban al cuello con un broche en forma de hoja verde.

Pippin preguntó si se trataba de mantos mágicos, y uno de los elfos le respondió así:

«Son ropas, no armaduras y no pararán ni la flecha ni la espada. Pero os serán muy útiles: son livianas para llevar, abrigadas o frescas de acuerdo con las necesidades del momento. Y os ayudarán además a manteneros ocultos de miradas indiscretas, ya caminéis entre piedras o entre árboles.»

Finalmente, equipados con todo lo recibido en Lothlórien y tras despedirse de Galadriel y Celeborn, la Compañía tomó las barcas y las aguas ondulantes los llevaron lentamente.

«La figura de la Dama Galadriel se erguía solitaria y silenciosa. Cuando pasaron ante ella los viajeros se volvieron y miraron cómo iba alejándose lentamente sobre las aguas. Pues así les parecía: Lórien se deslizaba hacia atrás como una nave brillante que tenía como mástiles unos árboles encantados; se alejaba navegando hacia costas olvidadas, mientras que ellos se quedaban allí, descorazonados, a orillas de un mundo deshojado y gris.»

«De pronto el río describió una curva y las orillas se elevaron a los lados, ocultando la luz de Lórien. Frodo no vería nunca más aquel hermoso país.»

Ver capítulo «Adiós a Lórien«

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