
Leer el capítulo (pdf)
LA-PARTIDA-DE-BOROMIR-LAS-DOS-TORRES-1Resumen
Aragorn subió rápidamente la colina, buscando huellas de los hobbits. Aunque sus pasos son ligeros y difíciles de rastrear, un manantial que cruzaba el sendero cerca de la cima le proporcionó la pista que necesitaba. “Interpreto bien los signos”, pensó. “Frodo corrió a lo alto de la colina. ¿Qué habrá visto allí, me pregunto? Pero luego bajó por el mismo camino.”
Aragorn titubeó. Quería llegar al alto sitial para ver si algo lo orientaba, pero el tiempo apremiaba. Sin embargo, decidió correr a la cima, atravesó las losas grandes y subió los escalones. Sentado en el alto sitial, miró alrededor, pero el sol parecía oscuro y el mundo, apagado y lejano. Solo vio la forma de un pájaro grande parecido a un águila que descendía en círculos lentos.
De repente, escuchó gritos débiles en el bosque al oeste del río y la llamada profunda de un cuerno. “¡El cuerno de Boromir!”, gritó Aragorn, dándose cuenta de que Boromir estaba en problemas. Se lanzó escaleras abajo, saltando por el sendero. Mientras corría, los gritos aumentaban, pero la llamada del cuerno se volvía más débil y desesperada. Sacando su espada y gritando “¡Elendil! ¡Elendil!”, se precipitó entre los árboles.
A una milla de Parth Galen, en un claro, encontró a Boromir. Estaba sentado de espaldas contra un árbol, atravesado por muchas flechas. Sostenía aún la espada, pero rota cerca de la empuñadura. Alrededor, yacían muchos orcos. Aragorn se arrodilló junto a Boromir, quien abrió los ojos y trató de hablar. “Traté de sacarle el Anillo a Frodo”, dijo lentamente. “Lo siento. He pagado.” Luego, con una última mirada a sus enemigos caídos, añadió: “Los medianos se los llevaron los orcos. No están muertos. Los orcos los maniataron.”
“¡Adiós, Aragorn! ¡Ve a Minas Tirith y salva a mi pueblo! Yo he fracasado.”
“¡No!”, dijo Aragorn, tomando su mano y besándole la frente. “¡Has vencido! ¡Minas Tirith no caerá!” Boromir sonrió, pero no dijo más.
“¡Ay! ¡Así desaparece el heredero de Denethor, Señor de la Torre de la Guardia!”, exclamó Aragorn, sintiendo la pérdida. “La Compañía está deshecha. ¿Qué haré ahora? Boromir me ha obligado a ir a Minas Tirith, pero ¿dónde están el Anillo y el Portador?” Sumido en el llanto, Aragorn fue encontrado por Legolas y Gimli, quienes llegaron silenciosamente, sorprendidos y entristecidos por lo que veían.
“¡Boromir está muerto!”, dijo Aragorn, explicando que cayó defendiendo a los hobbits mientras él estaba en la colina. “Boromir me dijo antes de morir que los orcos se llevaron a Merry y Pippin atados. No creía que estuvieran muertos. No sé si Frodo o Sam estaban con ellos. ¿Qué haremos ahora?”
“Primero, tenemos que ocuparnos del caído”, dijo Legolas. “No podemos dejarlo aquí entre esos orcos espantosos.”
“Pero hay que darse prisa”, añadió Gimli. “Tenemos que seguir a los orcos si hay esperanza de que alguno de la Compañía sea un prisionero vivo.”
“Pondremos a Boromir en una barca con sus armas y las de los enemigos vencidos”, sugirió Aragorn. “Lo enviaremos a los Saltos de Rauros y lo dejaremos en manos del Anduin.”
Buscaron entre los cuerpos de los orcos, juntando espadas, yelmos y escudos. Aragorn encontró dos puñales élficos damasquinados de oro y rojo. “¡Estas no son herramientas de orcos!”, exclamó. “Las llevaban los hobbits. Aunque estén vivos, nuestros amigos no tienen armas. Tomaré estos puñales, esperando devolverlos algún día.”
Al examinar los cadáveres, encontraron algunos orcos que no eran de Mordor y otros que nunca habían visto. Llevaban un emblema de una manita blanca y una S rúnica en sus yelmos. “S representa a Saruman”, concluyó Aragorn. “Hay mal en Isengard. Tal como lo temía Gandalf: el traidor Saruman ha sabido de nuestro viaje.”
Prepararon las parihuelas con ramas y llevaron el cuerpo de Boromir hasta la costa. Legolas y Gimli trajeron dos barcas desde Parth Galen, aunque la tercera barca estaba desaparecida. Extendieron a Boromir en la barca, con su capucha y capa élfica, el cinturón de Lórien, su yelmo, el cuerno hendido, los fragmentos de su espada y las armas de sus enemigos. Tristemente, soltaron la barca funeraria y vieron cómo la corriente la llevaba hacia el sur, hasta desaparecer en la luz dorada de la tarde.
Cantaron en honor a Boromir, recordando su valentía. Aragorn concluyó: “Lo buscarán desde la Torre Blanca, pero no volverá ni de las montañas ni del océano.” Luego, se volvieron a su propia barca y remaron de vuelta a Parth Galen.
De regreso, Aragorn examinó el terreno y concluyó que Frodo se había ido en una barca, llevándose a Sam. “¡Qué brava ocurrencia!”, exclamó. “Frodo no quería llevar a ningún amigo a la muerte en Mordor. Algo le ocurrió después de dejarnos que acabó con sus temores y dudas.”
“Bueno, al menos algo es claro”, dijo Legolas. “Frodo ya no está de este lado del río. Y Sam lo acompaña.”
“La alternativa”, dijo Gimli, “es seguir a Frodo en la barca o perseguir a los orcos a pie. En cualquier caso, hemos perdido horas preciosas.”
“¡Dejadme pensar!”, dijo Aragorn. “Seguiré a los orcos. Yo hubiera guiado a Frodo a Mordor, pero ahora no podemos olvidar a nuestros compañeros. ¡Vamos! Partiremos en seguida. ¡Dejad aquí todo lo que no nos sea indispensable! ¡Marcharemos sin detenernos de día y de noche!”
Partieron rápidamente, siguiendo las huellas de los orcos, decididos a no detenerse hasta alcanzar a los enemigos y rescatar a Merry y Pippin. “Con o sin esperanza, seguiremos las huellas del enemigo”, declaró Aragorn. “Haremos una cacería que será el asombro de las Tres Razas emparentadas: Elfos, Enanos y Hombres. ¡Adelante los Tres Cazadores!”
Así, comenzaron su persecución, dejando atrás los bosques junto al lago y adentrándose en la oscuridad creciente, decididos a no descansar hasta cumplir su misión.
Análisis, reflexiones y sabiduría de Tolkien en el capítulo
El comienzo de Las Dos Torres nos lleva a un momento de transición. En lugar de continuar directamente con la acción que cerró La Comunidad del Anillo, Tolkien opta por una breve pausa reflexiva, marcada por la pérdida y un nuevo rumbo para los personajes restantes. «La Partida de Boromir» es una despedida, tanto para un miembro importante de la Comunidad como para la primera etapa de la historia.
El peso de la responsabilidad
El capítulo abre con Aragorn, solo y atrapado en la indecisión. Ha perdido de vista a Frodo y Sam, y la falta de un plan claro lo convierte en un líder vacilante. A diferencia de Frodo en el capítulo anterior, cuya visión en Amon Hen reveló vastos movimientos en la Tierra Media, Aragorn no ve nada relevante desde su posición elevada. Este contraste refuerza el peso que Frodo lleva consigo como Portador del Anillo y la relativa impotencia del heredero de Isildur en este momento.
Mientras Aragorn lucha con su incertidumbre, un eco de su reciente fragilidad como líder, el caos estalla cerca de donde dejó al grupo. Su incapacidad para prever los acontecimientos y su retraso en reaccionar lo colocan en una posición débil al comienzo del capítulo, algo que Tolkien parece hacer deliberadamente para subrayar su camino de crecimiento a lo largo del libro.
El sacrificio de Boromir
Cuando Aragorn finalmente encuentra a Boromir, la escena es un cuadro de heroísmo y tragedia. Rodeado de los cadáveres de numerosos orcos, el guerrero yace mortalmente herido. En sus últimos momentos, Boromir confiesa su falla al intentar arrebatarle el Anillo a Frodo y muestra un profundo pesar por haber sucumbido a la tentación. Su redención se encuentra en la defensa desesperada de Merry y Pippin, una acción que busca reparar el daño causado.
Tolkien utiliza la muerte de Boromir para reforzar varios temas centrales de la obra: la lucha interna entre el deber y la ambición, y la capacidad de redimirse incluso en los momentos finales. Boromir muere no como un hombre vencido por sus defectos, sino como un guerrero que lucha hasta el último aliento por proteger a sus compañeros. Su confesión a Aragorn y sus últimas palabras, dedicadas a Minas Tirith, son un recordatorio de su lealtad fundamental a su pueblo, a pesar de los errores cometidos.
El duelo y la decisión
Tras la muerte de Boromir, Aragorn se enfrenta nuevamente a su inseguridad: “Soy yo el que he fallado”. Sin embargo, es el inicio de un cambio. La llegada de Gimli y Legolas introduce una nueva dinámica; aunque Aragorn comienza el capítulo aislado, la presencia de sus compañeros lo impulsa a asumir un rol más decisivo. Juntos, organizan un breve funeral para Boromir, enviando su cuerpo por el río en una escena cargada de simbolismo. El homenaje final, con los enemigos derrotados colocados junto al guerrero caído, refuerza la imagen de Boromir como un héroe trágico.
El canto improvisado por Aragorn y Legolas añade un toque épico al momento, recordando las raíces de la narrativa en las tradiciones heroicas. Aunque el realismo podría cuestionar si el cuerpo de Boromir habría permanecido en su bote al cruzar las cataratas, la escena se mantiene poderosa y cargada de emoción, evocando los funerales de los héroes en Beowulf y otras epopeyas.
La elección de Aragorn
El dilema principal del capítulo surge cuando Aragorn debe decidir si seguir a Frodo y Sam o perseguir a los orcos que han capturado a Merry y Pippin. Esta elección refleja el creciente peso del liderazgo sobre sus hombros. Si bien puede parecer que abandonar al Portador del Anillo es una decisión arriesgada, Aragorn toma en cuenta factores estratégicos importantes. Los orcos no solo representan una amenaza directa para Merry y Pippin, sino que, de llegar a Isengard, podrían revelar información crítica a Saruman bajo tortura o manipulación.
La decisión de Aragorn también señala un cambio en su carácter. Por primera vez, actúa con resolución, basándose en su instinto y en el conocimiento del terreno. Aunque pueda parecer que deja el destino del Anillo en manos del azar, confía en la fuerza interior de Frodo y en la lealtad de Sam. Este momento marca el inicio de un Aragorn más seguro y consciente de su papel, un paso necesario hacia el liderazgo que demostrará más adelante.
Un capítulo breve, pero efectivo
«La Partida de Boromir» no es un capítulo extenso ni lleno de acción, pero cumple varios propósitos clave. Sirve como un cierre para la historia de Boromir, dándole la redención que merece y utilizando su sacrificio como un recordatorio del costo personal de la búsqueda. También introduce el cambio de tono que caracteriza Las Dos Torres, alejándose de la estructura más unificada de La Comunidad del Anillo para dividir la narrativa en múltiples líneas argumentales.
Aunque algunos momentos pueden parecer abruptos o insatisfactorios, como la rapidez con la que se deja atrás la trama de Frodo y Sam, el capítulo establece con eficacia las bases para los acontecimientos futuros. La decisión de perseguir a los orcos en lugar de seguir a Frodo es significativa no solo para el desarrollo de Aragorn, sino también para el hilo narrativo que conecta a Isengard con Rohan y la lucha más amplia contra Saruman.
En definitiva, «La Partida de Boromir» es un punto de transición que, aunque carece del dramatismo de otros capítulos, encapsula los temas de sacrificio, redención y el peso del liderazgo. Es un adiós digno para Boromir y un comienzo prometedor para una nueva etapa en la historia.
Extra: Boromir y la eucatástrofe de Tolkien
La historia de Boromir es un relato de honor, error y redención, que muestra tanto la humanidad del personaje como la capacidad de Tolkien para entrelazar tragedia y esperanza. Aunque sucumbe brevemente a la tentación del Anillo Único y traiciona la confianza de la Comunidad al intentar arrebatárselo a Frodo, esta caída no marca el fin de su camino. Su arrepentimiento es instantáneo, y en medio de su desesperación, busca a Frodo para pedir perdón, aunque el hobbit ya ha huido.
El ataque de los Uruk-hai ofrece a Boromir la oportunidad de redimirse. Lucha con valentía para proteger a Merry y Pippin, aunque su sacrificio no impide que los hobbits sean capturados. Su enfrentamiento final no es el acto de un hombre consumido por la tentación, sino de un guerrero que busca restaurar su honor. Antes de esta lucha, Boromir tiene un momento crucial cuando tropieza con una piedra y cae, lo que le permite reflexionar sobre su locura. En ese instante, comprende la gravedad de su error y clama, entre lágrimas, por el regreso de Frodo. Tolkien consideraba esta intervención —un evento que redirige el curso del destino hacia la redención— como una «eucatástrofe», una gracia divina que niega la derrota final.
La eucatástrofe, presente también en el destino de Frodo en el Monte del Destino, salva no solo la misión, sino también las almas de los personajes. Así como Gollum se convierte en el agente providencial que destruye el Anillo, la piedra que frena a Boromir evita que caiga más profundamente en la tentación. Aunque esta gracia no exime del sufrimiento, ofrece redención: Frodo pierde un dedo; Boromir, la vida, pero ambos encuentran paz espiritual.
En sus últimos momentos, Boromir, rodeado de los orcos que abatió, confiesa a Aragorn su intento de tomar el Anillo, señalando sus heridas como el precio de su error: “He pagado”. Aragorn, profundamente conmovido, le responde: “¡No! Has vencido. Pocos hombres pueden reclamar una victoria semejante. ¡Descansa en paz! ¡Minas Tirith no caerá!” Estas palabras no solo honran su sacrificio, sino que reconocen su triunfo sobre el poder del Anillo.
Boromir muere con una sonrisa, sabiendo que su ciudad y su alma están a salvo.


