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LOS-JINETES-DE-ROHAN-LAS-DOS-TORRESResumen
La oscuridad aumentó y la niebla se extendió detrás de ellos, envolviendo los bosques de las tierras bajas y las pálidas márgenes del Anduin. Sin embargo, el cielo estaba despejado y las estrellas aparecieron. La luna creciente remontaba en el oeste, proyectando sombras negras de las rocas. Los tres compañeros llegaron al pie de unas colinas rocosas y marchaban más lentamente porque las huellas ya no eran fáciles de seguir. Las tierras montañosas de Emyn Muil corrían de norte a sur en dos largas cadenas de cerros. Las faldas occidentales eran empinadas y de difícil acceso, pero en el este había pendientes más suaves, atravesadas por hondonadas y cañadas estrechas. Los tres compañeros se arrastraron durante toda la noche por estas tierras descarnadas, subiendo hasta la cima del primer cerro y descendiendo nuevamente a la oscuridad de un valle profundo y serpenteante.
Al norte, encontraron una cañada donde un arroyuelo había abierto un sendero pedregoso. En medio crecían algunos arbustos y había matas de hierba a los costados. Aragorn encontró las huellas que buscaban. Rápidamente, los perseguidores tomaron el nuevo sendero, recuperados después de una noche de descanso. Subieron a la cima del cerro gris, donde una brisa helada del alba les sopló en los cabellos y agitó sus capas. Volviéndose, vieron por encima del río las colinas lejanas envueltas en luz. El sol se asomó por encima de las estribaciones oscuras. El día irrumpió en el cielo, y el verde fluyó sobre las praderas de Rohan, las nieblas blancas fulguraron en el agua de los valles, y las Montañas Blancas se alzaron en picos de azabache coronadas de nieve.
Legolas avistó un águila en el cielo y luego una gran compañía a pie en la llanura. Gimli sugirió encontrar un camino para llegar a los llanos lo más rápido posible. Aragorn decidió seguir el camino de los orcos. A la clara luz del día, continuaron la persecución. Encontraron cosas abandonadas por los orcos: sacos de comida, cortezas de pan, una capa negra desgarrada y un zapato roto. El rastro los llevó a una hondonada profunda donde un sendero áspero bajaba a la llanura.
Abajo, encontraron los pastos de Rohan, ondeando como un mar verde. Legolas respiró hondo y dijo que el olor a verde era mejor que muchas horas de sueño. Aragorn comentó que podrían correr más rápido que los orcos calzados con zapatos de hierro y que esta era su oportunidad de recuperar la ventaja.
Corrían como lebreles detrás de un rastro muy nítido. De repente, Aragorn se desvió, siguiendo unas huellas pequeñas y descalzas que luego se confundían con pisadas de orcos. Encontró el broche de una capa élfica que brilló a la luz del sol. Gimli comentó que al menos uno de los hobbits estaba vivo. Aragorn pensó que Pippin había dejado el broche como una señal para quienes vinieran detrás.
El sol se alzó al mediodía y luego bajó lentamente. Los cazadores no se detuvieron. Aragorn reflexionó sobre las dificultades de la persecución y la decisión de descansar o seguir adelante. Decidieron seguir durante el día para no perder el rastro. A medida que el día avanzaba, el rastro de los orcos se hizo más borroso. Se detuvieron al crepúsculo, habiendo recorrido ya dos veces doce leguas por las llanuras de Rohan. Gimli expresó su frustración ante el cansancio y la falta de esperanza.
El encuentro con Eomer
Aragorn notó algo extraño en la región, sintiéndose cansado como pocas veces antes. Legolas sugirió que una voluntad maligna estaba delante de ellos, quizás Saruman. Decidieron detenerse una vez más para descansar antes de continuar.
Al amanecer, Legolas despertó a los demás. Vieron figuras pequeñas de jinetes a lo lejos, acercándose rápidamente. Aragorn decidió esperar a los jinetes con la esperanza de obtener noticias. Los jinetes llegaron, rodeándolos en un círculo. El jefe de los jinetes, Éomer, preguntó quiénes eran y qué hacían en sus tierras. Aragorn se presentó como Trancos, cazador de orcos, y explicó su misión.
Éomer se mostró sorprendido y desconfiado. Los jinetes refrenaron sus caballos con rapidez y habilidad, formando un círculo cerrado alrededor de los compañeros. Éomer se adelantó, apuntando su lanza al pecho de Aragorn, y preguntó de nuevo quiénes eran y qué hacían allí. Aragorn reveló su verdadero nombre y linaje, declarando ser Aragorn, hijo de Arathorn, heredero de Isildur y portador de la espada Andúril, que había sido forjada de nuevo.
Éomer, impresionado por la revelación, escuchó a Aragorn con respeto. Explicó que los Rohirrim habían destruido a los orcos, pero no encontraron a ningún prisionero. Aragorn insistió en que buscaban a dos hobbits capturados por los orcos. Éomer no había oído hablar de los hobbits y estaba desconcertado. Sin embargo, la sinceridad y el porte de Aragorn le hicieron reconsiderar.
Éomer explicó la situación en Rohan, mencionando la amenaza de Saruman y las dificultades que enfrentaban. Aunque desconfiado al principio, Éomer decidió ayudar a los compañeros. Ordenó a sus hombres que prestaran caballos a los viajeros. Legolas montó a Arod sin montura ni riendas, mostrando la destreza élfica para manejar caballos. Gimli, a pesar de sus reticencias, montó detrás de Legolas.
Antes de partir, Éomer pidió a Aragorn que, una vez terminada su búsqueda, regresara a Edoras para probar al rey Théoden que no había cometido un error al confiar en ellos. Aragorn prometió hacerlo.
Éomer y sus jinetes se despidieron de los compañeros, deseándoles suerte en su búsqueda. Los compañeros, ahora a caballo, continuaron su persecución de los orcos. Avanzaron hacia los límites del bosque de Fangorn, donde encontraron los restos de una batalla reciente. Aunque no encontraron señales de los hobbits, decidieron acampar cerca y esperar la luz de la mañana para continuar su búsqueda.
Durante la noche, Gimli tuvo la primera guardia y notó la figura de un anciano apoyado en un bastón. Aragorn y Legolas se despertaron, pero el anciano desapareció sin dejar rastro. Los caballos habían desaparecido, llevándose las estacas a la rastra. Los compañeros se sintieron perturbados por este nuevo incidente, pero decidieron descansar y continuar a pie al amanecer.
La noche pasó lentamente y, aunque el anciano no volvió a aparecer, los caballos tampoco regresaron. Los compañeros continuaron su búsqueda a pie, determinados a encontrar a sus amigos desaparecidos.
Análisis, reflexiones y sabiduría de Tolkien en el capítulo
La ignorancia es peligrosa
En este encuentro, vemos cómo los hombres de Rohan son ignorantes y eso los pone en peligro. Podemos verlo en varias ocasiones:
Éomer desconfía de Aragorn, Legolas y Gimli simplemente porque salieron de Lothlórien, un lugar rodeado de leyendas oscuras para los Rohirrim. Se pone a la defensiva al instante, pero si conociera más, sabría que Galadriel es una gran aliada.
Éothain, uno de los jinetes de Éomer, se burla cuando Gimli menciona a los hobbits, ya que para él, los hobbits solo existen en canciones y cuentos infantiles. Esto es anecdótico, pero la ignorancia se vuelve peligrosa cuando desconfían de Gandalf y lo culpan de los problemas de Rohan.
Éomer mismo dice: “Es siempre el heraldo de acontecimientos extraños; un portador del mal, dicen ahora algunos.”
Ignorar a Gandalf y no escuchar sus advertencias es lo más grave, ya que su ignorancia los lleva a rechazar la ayuda de alguien que podría salvarlos del mal que se avecina.
Tolkien nos advierte: la ignorancia es peligrosa. Puede llevar a malos entendidos y decisiones equivocadas que pueden costar muy caro.
La humildad y grandeza de Aragorn
Aragorn siempre se presenta de manera humilde al principio, lo cual contrasta fuertemente con su verdadera identidad. Cualquier otra persona en su situación se presentaría como el legítimo rey y heredero al trono de Gondor desde el primer momento, pero Aragorn se presenta como Trancos, un montaraz que está cazando orcos.
Esto evita que parezca arrogante y muestra respeto hacia Éomer, ya que están en sus tierras. Pero cuando la situación lo requiere, Aragorn no duda en mostrar su linaje real al desenvainar Andúril y proclamar su identidad como heredero de Isildur.
Aragorn es humilde, pero también sabe cuándo ser decidido.
Tiene claras sus prioridades, como rescatar a Merry y Pippin, a pesar de que también se le necesita en Gondor y Rohan.
Éomer le pide que vaya con él y le ayude en estos momentos difíciles, pero Aragorn no abandona a sus pequeños amigos.
Aragorn dice: “En mi corazón desearía acompañarte, pero no puedo abandonar a mis amigos mientras haya alguna esperanza.”
Tolkien nos muestra que la grandeza no está solo en el poder, sino en la humildad y la lealtad.
La sabiduría de Gimli
Gimli enfrenta hostilidad y desconfianza tanto de los elfos como de los hombres. En Lothlórien, los elfos desconfían de él y quieren vendarle los ojos (les invito a ver el vídeo ‘5 Secretos de Lothlórien’).
A pesar de esto, Gimli no guarda rencor. En vez de eso, llega a admirar a Galadriel y se convierte en amigo cercano de Legolas.
Cuando se encuentra con Éomer, los hombres también muestran desconfianza hacia Gimli. Éothain se burla de la idea de prestarle un caballo a un enano. Sin embargo, Gimli responde con dignidad, diciendo que prefiere caminar antes que montar un caballo que no le prestan de buena gana.
Lo que yo veo aquí es que Gimli, aunque testarudo, solo se está defendiendo. No guarda rencor y mantiene la dignidad frente a la hostilidad que recibe constantemente. Gimli supera los prejuicios, no se lo toma a lo personal e incluso sigue luchando por y para los hombres y elfos.
Los elfos y la naturaleza
Cuando Legolas recibe un caballo arisco llamado Arod, demuestra la habilidad innata de los elfos para comunicarse con la naturaleza.
Sin necesidad de montura ni riendas, Legolas monta al caballo con facilidad, mostrando la armonía y el respeto que los elfos tienen hacia los animales. Simplemente quería destacar esa conexión profunda de los elfos con el mundo natural, tanto con los árboles como con los animales. Siempre hay que aprender de los elfos.


