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El estanque vedado (Las dos torres)

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Resumen

En “El Estanque Vedado”, Frodo despertó en la guarida de Faramir y fue llevado por él a contemplar la cascada y el lago oculto de Henneth Annûn. Sam, como siempre, lo siguió con desvelo. Allí, desde lo alto de la plataforma, vieron cómo una criatura pequeña y oscura se movía entre las aguas. Era Gollum, que había osado penetrar en el refugio secreto, atraído por el deseo irresistible de pescado.

Los hombres de Gondor, encabezados por Anborn, estaban listos para disparar sus flechas, pero Faramir pidió consejo a Frodo. Este rogó que no lo mataran, reconociendo que la criatura era su guía y que, de alguna manera, estaba ligada a su misión. Para probar su sinceridad, Faramir permitió que Frodo descendiera hasta la orilla para atraer a Gollum. Con palabras de persuasión —y también con amenazas de recurrir al “Tesoro”—, Frodo logró convencerlo para que se acercara. Sin embargo, antes de que pudieran marcharse, los hombres cayeron sobre Gollum y lo hicieron prisionero.

Conducido a la cueva, empapado, miserable y con olor a pescado, Gollum fue interrogado por Faramir. El capitán le explicó que en Henneth Annûn la simple presencia significaba la muerte, pero que, gracias a la súplica de Frodo, había conservado la vida. Ante la mirada penetrante del gondoriano, Gollum prometió solemnemente no volver jamás al lugar ni guiar a nadie hasta allí. El juramento lo hizo a Frodo y al propio Anillo, al que seguía llamando su “Tesoro”.

Faramir entonces concedió libertad a Frodo y a sus compañeros dentro de Gondor por un año y un día, bajo su protección y la del escudo del reino. Además, aceptó que Gollum quedara bajo la custodia de Frodo, aunque advirtió con severidad que si alguna vez era hallado solo por un hombre de Gondor, se ejecutaría la sentencia de muerte.

El interrogatorio reveló también hacia dónde se dirigían: Gollum había conducido a los hobbits primero a la Puerta Negra, pero al no poder entrar, ahora pretendía llevarlos por otro sendero, a través de Minas Morgul, por el paso de Cirith Ungol. Ante este nombre, Faramir mostró gran inquietud. Explicó que aquel lugar había sido una vez Minas Ithil, hermana de Minas Tirith, pero que desde hacía siglos estaba bajo el poder de los Nazgûl. El valle era una región de terror constante, vigilada por ojos sin párpados. Con firmeza, Faramir aconsejó a Frodo que no tomara ese camino.

Frodo, sin embargo, sostuvo que no tenía otra opción. Su misión lo obligaba a seguir adelante, aun si eso significaba arriesgarse en lugares prohibidos. Rechazó incluso la oferta de que Faramir le proporcionara otro guía, pues había empeñado su palabra a Gollum. El capitán, conmovido pero preocupado, le dio su bendición y lo despidió con respeto, reconociendo que tal vez no volvería a verlo bajo el sol.

El capítulo cerró con esa despedida solemne. Faramir, inclinándose ante Frodo, le deseó que, contra toda esperanza, algún día regresara de las tierras oscuras y pudieran narrarse sus historias pasadas “sentados junto a un muro y al sol, riéndonos de las congojas pasadas”. Hasta entonces, quedaba sellada la alianza entre ambos, mientras Frodo se preparaba para continuar su camino con Sam y el desconfiado, pero indispensable, Sméagol.

Análisis del capítulo

La tensión inicial: Faramir y la luna sobre Gondor

El capítulo El estanque vedado abre con un recurso inquietante: Frodo es despertado en mitad de la noche por Faramir, que lo invita a contemplar el paisaje iluminado por la luna, pero con la advertencia de que hay “otro asunto”. Tolkien nos ofrece una de sus descripciones poéticas del Anduin y de las Montañas Blancas, pero el lector apenas puede detenerse en ellas porque la tensión domina la escena. Ese contraste entre la belleza de Gondor y la amenaza de Mordor refuerza lo que está en juego: lo que merece ser defendido frente a la corrupción.

La aparición de Gollum en el estanque

El “otro asunto” es Gollum, sorprendido mientras pesca en el estanque vedado. Su regreso irrumpe tras un capítulo en el que había estado casi ausente, y lo hace en una situación de peligro: rodeado de arqueros gondorianos listos para abatirlo. El episodio plantea preguntas sobre su astucia como rastreador y su incapacidad para detectar a los hombres, lo que puede interpretarse como descuido del lado de adulón, (como llama Sam al Gollum más servil e ingenuo) mientras el lado bribón (el más malicioso y obsesivo) se mantiene alerta con un único propósito: no apartarse del Portador del Anillo.

Frodo ante el dilema moral

Aquí Tolkien presenta a Frodo en un dilema doloroso: traicionar a Gollum para salvarle la vida. Aunque tanto Frodo como Sam albergan deseos secretos de que lo maten, solo el primero es capaz de frenar ese impulso y asumir la carga de la misericordia. Frodo actúa manipulando: lo engaña para que salga del agua, usando incluso la amenaza velada del Anillo. Esta mentira le pesa al instante —se nos dice que “se sintió profundamente desdichado”— y siembra una semilla de culpa que marcará la relación con Gollum en adelante.

El vasallaje entre Frodo y Gollum

Este episodio revela una dimensión medieval: Frodo se convierte en “amo” y Gollum en “sirviente”, pero en esa relación también hay derechos recíprocos. «El siervo adquiere derechos sobre su amo a cambio de servirle, incluso aunque lo haga por temor». Así, Frodo se siente obligado a protegerlo y no puede ordenar su muerte. Tolkien evoca aquí el espíritu del vasallaje tradicional, un pacto que ata a ambas partes, aunque en este caso esté distorsionado por la corrupción del Anillo.

La definición del mal: vacío y hambre

En su interrogatorio, Gollum responde que está “sin nombre, sin ocupación, sin tesoro, nada, solo vacío y hambre”. Esta frase concentra toda la esencia de la enfermedad del Anillo: el mal no es tanto una fuerza exterior como una corrupción interior que deja al individuo despojado de identidad, atrapado en la carencia y la obsesión. Todos los siervos de Mordor podrían repetir estas palabras. Frodo, al escucharle, comprende que Gollum es su espejo: lo que él mismo podría llegar a ser si cayera en la tentación.

La dureza y sabiduría de Faramir

Faramir emerge aquí con un perfil más severo. Frente a Frodo había empleado la lógica y la paciencia; frente a Gollum adopta la firmeza y la autoridad de un capitán que no se deja engañar. Lo trata como a un niño mentiroso y temeroso, desmontando sus falsedades y exponiendo su malicia. Al mismo tiempo, demuestra prudencia: sabe que Gollum es importante y lo somete a un juramento solemne, que lo ata a Frodo. El contraste con Boromir es evidente: mientras el hermano mayor sucumbió a la tentación, Faramir se muestra dueño de sí y con capacidad de dirigir a los demás con sabiduría y cautela.

El consejo imposible de Faramir

El capitán de Gondor advierte a Frodo que no confíe en Gollum ni en el paso de Cirith Ungol, del que la tradición solo habla con terror. Sin embargo, sabe que no puede acompañarlo ni ofrecerle otra ruta. Su situación es la del consejero sabio que percibe un peligro inevitable pero no puede apartar al otro de su destino. Reconoce la malicia en Gollum —“ha matado, lo he leído en sus ojos”—, pero también acepta que la misión trasciende sus fuerzas y que Frodo debe seguir adelante solo.

El juramento y la sombra de Cirith Ungol

El juramento que Gollum presta ante Faramir adquiere un tono casi litúrgico, y Tolkien lo presenta como un acto que compromete al propio capitán. La mención de Cirith Ungol despierta una reacción significativa en Gollum, quien no soporta oír el nombre de un lugar que encierra “oscuras amenazas”. Faramir reconoce la gravedad del camino, pero no puede acompañar a los hobbits, ni mucho menos impedir su misión. Su corrección a Frodo —al hablar de “Minas Morgul” en vez de “Minas Ithil”— revela la visión de un hombre curtido en la frontera, consciente de la corrupción del mundo.

Nadie más que Frodo parece comprender a Gollum

—Frodo, pienso que eres demasiado imprudente en este asunto —dijo Faramir—. No creo que tengas que ir con esa criatura. Es malvada.

—No, no es del todo malvada —dijo Frodo.

En su conversación con Faramir, queda clara la diferencia de juicio sobre Gollum: el capitán lo considera esencialmente malvado, mientras que Frodo insiste en que no lo es del todo. La clave está en la experiencia: Faramir, aunque sabio, nunca ha llevado el Anillo y no alcanza a imaginar la degradación que produce. Frodo, en cambio, empieza a sentir ese mismo peso en su interior y reconoce que Gollum está consumido por la obsesión, más que entregado al mal por elección consciente. De este modo se refleja la lección anticipada por Gandalf:

— ¡Qué lástima que Bilbo no haya matado a esa vil criatura cuando tuvo la oportunidad!

—¿Lástima? Sí, fue lástima lo que detuvo la mano de Bilbo. Lástima y misericordia: no matar sin necesidad.

Frodo reafirma su misión

La escena culmina con un discurso de Frodo, donde expone la naturaleza desesperada de su viaje. Argumenta que si no atraviesa Mordor, todo esfuerzo habrá sido inútil, y que llevar el Anillo a Gondor sería condenarla a la misma ruina que sufrió Boromir. Estas palabras tocan el corazón de Faramir y sirven como un manifiesto de la misión del Portador: no hay camino seguro, solo el deber de intentarlo aunque el precio sea la propia vida.

Valor literario del capítulo

Aunque breve y en apariencia una pausa dentro de la trama, El estanque vedado concentra varios núcleos de tensión: el dilema moral de Frodo, el endurecimiento de Sam, la autoridad de Faramir y la complejidad dual de Gollum. Es un capítulo de transición que reintroduce al guía ambiguo en el relato, establece un juramento fatídico y prepara el escenario para la marcha hacia Mordor. Como en Lothlórien, la historia se detiene un instante, pero aquí no hay contemplación idílica sino un juego de lealtades, engaños y pruebas morales que anticipan la tragedia futura.

Última nota

El texto indica que Faramir advierte a Frodo sobre “un terror oscuro” en los pasos de Minas Morgul, pero en ningún momento menciona que se trate de una araña. El hecho resulta curioso, porque el propio nombre Cirith Ungol en sindarin significa “Grieta de la Araña”, algo que un hombre culto como él, versado en historia y tradición, seguramente conocía.

¿Por qué entonces se limita a hablar de un “terror oscuro”?

Faramir pudo considerar Ungol como un vestigio antiguo cuyo sentido se había perdido, sin asociarlo literalmente a una criatura real. Para los gondorianos, como para muchos hombres de la Tercera Edad, las grandes arañas podían sonar tan legendarias como dragones o balrogs.

Cabe señalar que Frodo sí conocía la lengua élfica suficiente como para entender el nombre, y además sabía de primera mano, por Bilbo, que las arañas gigantes existían en el Bosque Negro. Si alguien podía atar cabos, era él. Pero Tolkien parece preferir que esa deducción no se haga todavía, reforzando la atmósfera de fatalidad y misterio.

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