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Resumen corto:
En Parth Galen, Frodo enfrentó la presión de decidir el destino de la Comunidad, pero buscó soledad para reflexionar. Boromir, desesperado, intentó apoderarse del Anillo, lo que llevó a Frodo a huir y vislumbrar las fuerzas del mal desde el sitial del Amon Hen. Decidido a proteger a sus amigos, resolvió partir solo hacia Mordor. Mientras la Compañía buscaba a Frodo, Sam, comprendiendo su intención, corrió tras él, casi ahogándose al perseguir su barca. Frodo, conmovido por la lealtad de Sam, aceptó su compañía. Juntos cruzaron el Anduin, adentrándose en las colinas de los Emyn Muil, listos para enfrentar los horrores de Mordor y cumplir su misión.
Resumen extendido
El campamento en Parth Galen
Aragorn guió a la Compañía hacia el brazo derecho del río, hacia un prado verde conocido como Parth Galen, situado en la ladera occidental a la sombra del Tol Brandir. Este lugar, con sus árboles y manantiales que alimentaban la hierba, ofrecía un breve respiro. «Descansaremos aquí esta noche,» dijo Aragorn, esperando que ningún mal hubiera alcanzado este lugar todavía. Llevaron las embarcaciones a la barranca y acamparon, con una guardia que no detectó ruido ni señal de enemigos, aunque Aragorn seguía intranquilo, despertándose a menudo durante la noche.
La inquietud de Aragorn
En las primeras horas del alba, Aragorn se acercó a Frodo, que estaba de guardia, y le comentó sus inquietudes. «Una sombra y una amenaza han estado creciendo en mis sueños. Sería bueno que sacaras la espada.» Al desenfundar Dardo, la hoja élfica, ambos vieron que brillaba débilmente en la noche. «¡Orcos!», exclamó Frodo, y Aragorn respondió que no creía que estuvieran de su lado del río, pero que aún así debían avanzar con cuidado al día siguiente.
La decisión de Frodo
El amanecer llegó con un espectáculo de fuego y humo en el horizonte, barras negras de nubes iluminadas por el sol naciente. Después del desayuno, Aragorn reunió a la Compañía y declaró que había llegado el día de la elección. «¿Iremos al este con Boromir, a las guerras de Gondor, o iremos al oeste, hacia el Miedo y la Sombra, o disolveremos la comunidad y cada uno tomará el camino que prefiera?» Tras un largo silencio, Aragorn indicó que la responsabilidad recaía ahora sobre Frodo, el Portador del Anillo. Frodo pidió una hora más para decidir, y Aragorn aceptó, permitiéndole estar solo.
El encuentro con Boromir
Frodo se apartó y, después de un tiempo cabizbajo, comenzó a caminar sin rumbo fijo, encontrándose finalmente en un sendero antiguo que conducía a una pequeña pradera en las faldas del Amon Hen. Mientras reflexionaba sobre su misión y las palabras de Gandalf, sintió una presencia detrás de él. Boromir apareció con una expresión amistosa, pero pronto comenzó a presionar a Frodo para que llevara el Anillo a Minas Tirith, argumentando que podrían usar su poder contra Sauron.
Frodo se mostró cauteloso y rechazó la propuesta de Boromir, recordándole que el Anillo no podía ser usado sin corromper a su portador. Sin embargo, Boromir, cada vez más exaltado, intentó apoderarse del Anillo, llamando a Frodo «insensato» y afirmando que el Anillo debía ser suyo. En un acto desesperado, Frodo se puso el Anillo y desapareció, dejando a Boromir gritando y maldiciendo en su frustración.
La visión en el sitial del Amon Hen
Aprovechando la invisibilidad, Frodo huyó hacia la cima del Amon Hen, donde se sentó en el Sitial de la Vista. Desde allí, tuvo visiones de guerra y destrucción en todas direcciones: las Montañas Nubladas hervían de orcos, el Bosque Negro estaba en lucha, y grandes ejércitos se movían desde el este. Mirando al sur, vio Minas Tirith, hermosa y orgullosa, pero también percibió la amenaza de Mordor, con Barad-dûr destacándose imponente y temible. Sintió el ojo de Sauron buscando y casi alcanzándolo, pero logró quitarse el Anillo a tiempo, librándose de su vista.
La resolución de Frodo
Decidido a proteger a sus amigos, Frodo tomó la resolución de ir solo a Mordor. Regresó al prado donde había encontrado a Boromir, escuchando los gritos de búsqueda de la Compañía. Lentamente, se puso el Anillo nuevamente y comenzó a descender hacia la costa, decidido a partir sin ellos.
La reacción de la Compañía
Mientras tanto, la Compañía, reunida junto al río, discutía la ausencia de Frodo. Aragorn, preocupado por la demora, sugirió que llamaran a Frodo, pero en ese momento Boromir apareció, visiblemente alterado. Admitió que había hablado con Frodo y que este había desaparecido tras ponerse el Anillo. Sam, comprendiendo las intenciones de su amo, corrió hacia los botes, convencido de que Frodo intentaría cruzar el río solo.
La lealtad de Sam
Sam llegó justo a tiempo para ver una barca deslizándose por el agua y se lanzó tras ella, casi ahogándose en el intento. Frodo, viéndolo en peligro, giró la barca y lo rescató. Tras una breve discusión, en la que Sam insistió en acompañar a Frodo a pesar del peligro, Frodo finalmente cedió, reconociendo que no podía escapar de su leal amigo.
El viaje hacia Mordor
Juntos, Frodo y Sam remaron hacia el sur, alejándose de Parth Galen y dirigiéndose hacia los acantilados del Tol Brandir. Cruzaron el río con esfuerzo y, al llegar a la orilla lejana, ocultaron la barca y comenzaron a buscar un sendero que los llevara a través de las colinas grises de los Emyn Muil, internándose en el siniestro País de la Sombra, determinados a cumplir con su misión de destruir el Anillo en las Grietas del Destino.
Análisis, reflexiones y sabiduría de Tolkien en el capítulo
El capítulo final de La Comunidad del Anillo se aparta de los grandes enfrentamientos o las escenas épicas, optando en su lugar por un cierre profundamente introspectivo. Las decisiones de Boromir, Frodo y Sam dan forma a este clímax, en el que los vínculos del grupo se desmoronan y los caminos de sus integrantes comienzan a bifurcarse. Tolkien coloca el peso de los acontecimientos en los conflictos internos de los personajes, ofreciendo una conclusión llena de tensiones y con un tono decididamente melancólico.
8 razones para comprender a Boromir
1. Una vida de sacrificio
Boromir vivió en constante lucha contra Sauron, defendiendo Gondor desde su nacimiento en 2978 T.E. Enfrentó innumerables batallas y lideró a su gente, siendo testigo del poder de Sauron en Osgiliath, donde perdió a casi todos sus hombres. Su vida fue un sacrificio continuo por su patria.
2. La esperanza de un pueblo
Como Capitán General de Gondor, Boromir llevaba las esperanzas y expectativas de su pueblo. Era un símbolo de resistencia y protección, admirado tanto en Gondor como en Rohan. Esta carga le generaba una desesperación creciente por encontrar una solución definitiva.
3. Un sueño profético
Boromir tuvo un sueño profético, al igual que su hermano Faramir, que lo llevó a Rivendel en busca de respuestas. Este sueño hablaba de una esperanza para Gondor, ofreciendo una promesa de salvación en tiempos desesperados.
4. Un rey que no lo parecía
En Rivendel, Boromir conoció a Aragorn, el heredero de Isildur, y dudó de su capacidad para liderar. Aragorn no se parecía al rey glorioso que Boromir imaginaba, sino a un humilde montaraz. Esta desconfianza era comprensible, dada la ausencia de Aragorn en los momentos más críticos para Gondor.
5. Mínima esperanza de éxito
La misión de destruir el Anillo en Mordor parecía una locura para Boromir. Dudaba del plan y sugería usar el Anillo para derrotar a Sauron, aunque finalmente aceptó la decisión del Concilio de Elrond, pese a considerar el plan extremadamente peligroso.
6. Una voz ignorada
A lo largo del viaje, Boromir fue ignorado repetidamente cuando proponía alternativas para evitar peligros, como en Caradhras, Moria y Lothlórien. Esta constante desestimación de sus opiniones contribuyó a su frustración y desesperación.
7. La falta de un líder
La caída de Gandalf dejó a la Compañía sin un líder claro. Boromir veía la indecisión de Aragorn y no podía confiar en que Frodo, un hobbit joven e inexperto, tomara decisiones cruciales. Esta falta de liderazgo incrementó su necesidad de actuar por su cuenta.
8. El poder del Anillo
El Anillo Único tenía un poder inmenso y corruptor. A pesar de sus intenciones nobles, Boromir sucumbió a su influencia momentáneamente, intentando tomar el Anillo de Frodo. Sin embargo, su arrepentimiento fue inmediato, demostrando su lucha interna y su carácter honorable.
El peso de la indecisión
La Comunidad inicia este capítulo en un estado de inercia. Acampan junto a las cataratas de Rauros, pero su destino sigue sin definirse. La carga de tomar una decisión recae sobre Frodo, a quien Aragorn, de manera desconcertante, le transfiere la responsabilidad: “Tal es tu destino”. Este acto, aunque puede interpretarse como un reconocimiento de la importancia del Portador del Anillo, también resalta la debilidad del liderazgo de Aragorn en este punto. El futuro rey parece paralizado por la duda, su continuo lamento por la ausencia de Gandalf subrayando su incapacidad para asumir plenamente el mando.
Frodo, quien ya ha demostrado su fortaleza moral, acepta esta carga con una mezcla de resignación y determinación. Sin embargo, su reacción refleja su naturaleza reservada y reflexiva. En lugar de enfrentar al grupo con su decisión, elige retirarse al bosque, buscando un espacio para confirmar lo que ya sabe que debe hacer.
El descenso de Boromir
El enfrentamiento entre Boromir y Frodo es el corazón del capítulo. La conversación comienza con una falsa cordialidad, pero rápidamente revela las grietas en la psique del gondoriano. Boromir, consumido por el poder corruptor del Anillo, intenta justificar sus deseos con argumentos que, a primera vista, podrían parecer razonables. Sin embargo, su obsesión lo traiciona, y su retórica se torna cada vez más desesperada.
El momento en que Boromir pierde el control es uno de los más desgarradores de la historia. Su ira lo lleva a acusar a Frodo de traición, pero su furia rápidamente da paso al arrepentimiento. La complejidad del personaje queda clara: no es un villano, sino un hombre atrapado en una espiral de desesperación y autocompasión. Su caída no es simplemente el resultado de su debilidad, sino una consecuencia directa de su desesperado deseo de proteger a Gondor. Tolkien, de manera magistral, convierte a Boromir en un símbolo de la fragilidad humana frente a la tentación.
La visión en Amon Hen
Tras escapar de Boromir, Frodo se dirige a Amon Hen, donde experimenta una visión abrumadora de la Tierra Media. Desde los ejércitos de Mordor avanzando hasta los fuegos que devoran las tierras de los Beórnidas, la escena transmite una sensación de inminente catástrofe. La imagen de Mordor es particularmente poderosa, con su ominosa torre de Barad-dûr y las «puertas sonrientes de Minis Morgul». La visión refuerza la inmensidad del desafío que enfrenta Frodo, dejando claro que su misión está destinada a transitar por el corazón del terror.
En este momento, Frodo reafirma su decisión. Quita el Anillo en un acto de resistencia contra la voluntad de Sauron, reclamando su propia identidad y el control sobre su destino. Es un momento de triunfo silencioso, una victoria personal que contrasta con el caos que lo rodea.
La elección de Sam
Mientras Frodo decide emprender su viaje en solitario, Sam demuestra, una vez más, su inquebrantable lealtad. Su instinto para entender los pensamientos de Frodo y su determinación para no dejarlo solo lo convierten en el corazón emocional de la historia. El momento en que alcanza el bote y se une a Frodo encapsula la esencia de su relación: una amistad basada en la confianza y el sacrificio mutuos.
Sam emerge como el personaje más perspicaz del capítulo, entendiendo las implicaciones del momento antes que el resto del grupo. Mientras los demás se dispersan en una confusión poco característica, Sam permanece enfocado, asegurándose de que Frodo no enfrente su destino sin apoyo.
La ruptura de la Comunidad
La disolución de la Comunidad no ocurre con estridencia, sino con un tono apagado que refleja la creciente separación entre sus miembros. Gimli y Legolas, aunque leales, parecen desconectados de la gravedad del momento, y Aragorn, nuevamente, muestra una falta de control que resulta frustrante. La histeria que se apodera del grupo cuando Frodo desaparece parece artificial, un recurso narrativo para justificar su separación. Aunque Sam logra compensar algo de esto con su lógica y claridad, el caos general resta fuerza al desarrollo de los personajes en esta escena.
El fin de ‘La Comunidad del Anillo’
La elección de Frodo de continuar su camino acompañado únicamente por Sam establece un tono de sacrificio y determinación que será crucial en los libros siguientes. Al mismo tiempo, las dudas y tensiones que quedan entre los demás miembros de la Comunidad preparan el terreno para las historias individuales que se desarrollarán en Las Dos Torres. Con su combinación de introspección, conflicto y presagios, este capítulo cumple con su propósito, dejando al lector ansioso por seguir el viaje.


